miércoles, 15 de mayo de 2013

Adelgazar y correr, cuestión de diversión

En la actualidad existe en nuestra sociedad dos actividades centrales en el cuidado de la salud, adelgazar y correr. Cuando digo adelgazar y correr alguien podría puntualizar que es más correcto decir alimentarse de forma saludable y realizar actividad física regular. Convengo que sería lo ideal y lo correcto según la evidencia científica, pero no es la realidad.

 
La mayoría de las personas que siguen una dieta no lo hacen por prescripción facultativa como lo indica la última Encuesta Nacional de Salud. Estas personas modifican sus hábitos alimentarios de forma autodidacta apoyados en dietas milagro cuyo origen está en la web, en los apuntes de una vecina o la experiencia de una amiga. El objetivo no es alimentarte correctamente sino adelgazar. Y alguien puede pensar, ¿dónde está la diferencia?, ¡si alguien sigue una dieta se estará alimentando bien y si adelgaza estará más sana! Estos paralelismos son peligrosos, como peligroso es adelgazar sin control por parte de personal especializado. Pues es bien sabido, que no todas las dietas producen un efecto saludable sobre el organismo, ni estar más delgado nos hace más sanos.

Por otro lado, tenemos otra actividad de moda, correr. Pero no solamente correr sino correr largas distancias.  En la actualidad muchas personas comienzan a correr sin asesoramiento profesional, lo cual supone desconocer las claves para no cometer imprudencias y perjudicar nuestra salud. Pero, ¿por qué correr?, ¿es correr la actividad física más saludable? Contestaré primero a la última cuestión. Aunque yo sea maratoniano, por desgracia tengo que decir que correr no es la mejor actividad para fomentar la salud. Los corredores sufrimos lesiones con frecuencia, aún siendo corredores experimentados, nuestras articulaciones sufren por el impacto de la carrera. Sin embargo, otras actividades aeróbicas como caminar, montar en bicicleta, nadar o incluso sesiones de tonificación con pesas aportan un mayor beneficio sobre el organismo con un menor riesgo de lesión. Entonces, volvamos a la primera pregunta, ¿por qué correr? La clave está en que muchas personas encuentran en esta actividad física el aliado ideal para adelgazar.
Durante mi vida profesional me he encontrado a muchas personas cuya motivación inicial ha sido correr o cambiar su alimentación para adelgazar. Aunque, la mayoría no lo reconoce y se apoyan en la metáfora de "mantenerse bien físicamente y saludable". De esta forma, adelgazar supone la actividad dónde confluyen los intereses por alimentarse bien y por la actividad física. Sin embargo, son muchas las personas que pasadas unas semanas no consiguen ni correr, ni alimentarse bien, ni adelgazar. ¿Saben por qué? La clave es pasárselo bien, divertirse. Quién no disfruta con el proceso de alimentarse bien, quién no disfruta con la sensación de libertad que proporciona correr, no mantendrá estas actividades sólo por la presión de adelgazar.

Aqui os dejo un ejemplo de lo importante que es pasárselo bien cuando se hace actividad física. No os lo perdáis es divertidísimo.

 
 

sábado, 6 de abril de 2013

La discriminación social de las personas obesas. Una cuestión de género

Es indudable que las personas con sobrepeso y obesidad sufren una presión moral sobre su cuerpo superior al resto de la sociedad. En la sociedad actual el ser obeso tiene una vinculación casi directa con conceptos como falta de voluntad, de autocontrol, dejadez y pereza. Desde las instituciones sanitarias se les advierte de los peligros que corren y de su irresponsabilidad si no ponen remedio a tiempo. El mensaje parece claro, no podemos permitir que el obeso vaya enfermando poco a poco, pero tampoco podemos permitir el coste económico que esto supone. La presión ejercida hacia las personas con sobrepeso y obesidad, no es fácil de soportar.

Autores como John Evans, Emma Rich y Brian Davies han observado como los códigos sociales en los que se basan estructuralmente la tendencia a la perfección están ligados a los imperativos morales que se establecen sobre el cuerpo, forjándose sobre la idea de un cuerpo saludable y su vinculación con el peso ideal. La moralidad que transmiten estos discursos sirve de herramienta para la exclusión o inclusión de las personas en el grupo de normales según los valores sociales establecidos. Aceptar la obligación moral de cuidarse siguiendo los imperativos de la salud relacionados con un estilo de vida saludable mediante la práctica de un control del peso corporal, es una obligación de todo buen ciudadano. Dentro de los códigos de perfección, la regulación del cuerpo está íntimamente ligada a los imperativos morales relativos al control del peso constituyendo actos de inclusión y exclusión que tienen connotaciones morales. Las responsabilidades individuales para controlar la alimentación y la obligación de realizar actividad física son moralizantes. Constituyen “imperativos de salud”, que transmiten una versión particular de la virtud y la conciencia, acompañado de poco o ningún debate sobre si más allá de las necesidades de la salud biomédica, esto puede ser éticamente correcto.

La guerra contra la grasa tiene consecuencias especialmente devastadoras para las mujeres con sobrepeso. Vivimos en una cultura donde los medios de comunicación y el entorno social, le recuerdan a la mujer varias veces al día que cuidar su cuerpo debe ser lo más importante en su vida. Las mujeres pagan un alto precio por la obsesión de nuestra cultura por el peso. El bombardeo de productos publicitados a diario para mantener el cuerpo dentro de los patrones culturales de delgadez, esbeltez y cuidado corporal en general, supone un coste económico y emocional para las mujeres. Tal es la presión a la que está sometida la población para hacerse responsable de su imagen y la salud de su cuerpo que hemos construido una cultura que garantiza que pocas personas estén en paz con su cuerpo. La sociedad no se cansa de recordarnos nuestras imperfecciones. Autores como López de la Torre y Bellido se preguntan sobre esta persecución social del obeso y su posible estigmatización. ¿Hasta dónde debería presionar la sociedad a un obeso bien informado y con suficiente capacidad de decisión para cambiar sus hábitos de vida en aras de un beneficio perso­nal, social y económico? La sociedad parece luchar contra el obeso, no contra la obesidad.

 
Para ilustrar el tema de este post os recomiendo ver el debate ofrecido en “Para todos la 2” sobre la discriminación de las personas obesas.
 

jueves, 28 de marzo de 2013

Con sólo perder 4 Kilos los obesos mejoran su salud


La obsesión por perder peso se ha incrustado en nuestra sociedad. ¿A cuántas personas conoces qué no hayan querido perder peso en alguna ocasión? Sin embargo, ¿todos necesitan perder peso? Claro, la respuesta a esta pregunta depende del objetivo. Si se quiere perder peso por estética, por salud física o psicológica. Como ustedes ya habrán observado la mayoría de sus conocidos que están a dieta no son obesos y tampoco tienen indicado perder peso para controlar su salud. La mayoría de las personas hacen dieta “por hacer dieta” y además lo hacen sin ninguna indicación por parte de especialistas, como indica la Encuesta Nacional deSalud 2012.  
 
Muchas personas hacen dieta por mantenerse en su peso “ideal” lo que traducido a valores de referencia del Índice de Masa Corporal (IMC) correspondería a ser normopeso. En ocasiones personas con sobrepeso intentan conseguir este objetivo aún estando sanos. Los medios de comunicación y algunas instituciones públicas animan a la población a conseguir su peso “ideal” para mejora su salud.  Pero, si una persona con sobrepeso ya se está sana y no ha variado su peso durante años, ¿por qué tiene que adelgazar? Esa es la paradoja del obeso “sano” que ha sido plasmada en diferentes investigaciones como la realizada por el Dr. Ortega y publicada en el European Heart Journal hace unas semanas. Sin embargo, supongamos ahora que una persona con sobrepeso tiene alterados algunos parámetros que se toman de referencia para controles clínicos del estado de salud, como por ejemplo la tensión arterial, los niveles de colesterol y triglicéridos o la glucemia basal. En este caso, y por indicación sanitaria habitualmente, se le recomienda al paciente que pierda peso siendo habitualmente el objetivo conseguir su peso normal según el IMC. En ocasiones este objetivo supone dejar muchos kilos siendo un duro camino para las personas con sobrepeso. ¿Es necesario perder muchos kilos para mejorar la salud? La respuesta es no.
 
Estudios publicados recientemente apoyan esta afirmación. Piñera y colaboradores sugieren en las conclusiones  de su estudio que las personas con sobrepeso u obesas mejoran su parámetros clínicos, metabólicos y psicológicos con la perdida tan sólo de 3,8 Kg de media. Esta idea también es apoyada por Coleman y Friedman quienes sugieren en su investigación sobre la leptina que pequeñas perdidas de peso son suficientes para mejorar la salud. Por lo tanto, el objetivo para las personas con sobrepeso y obesidad no debe ser llegar a ser normopesos sino mejorar su salud y esto se consigue dejando sólo unos pocos kilos. A partir de aquí si una persona quiere tener un IMC de peso normal será por otras cuestiones. Todas respetables por supuesto, pero no pongan a la salud como excusa. Les dejo un video del Dr. Friedman donde habla de su investigación sobre la leptina.