viernes, 7 de junio de 2013

Relación entre obesidad y sueño, dormir bien adelgaza


La cantidad y calidad de las horas de sueño de una persona influyen en su salud. Esta es una afirmación socialmente conocida y científicamente evidenciada. La alteración de los ritmos circadianos, especialmente en la infancia, podría favorecer la aparición del sobrepeso. Y a la inversa, la obesidad incrementa el riesgo de sufrir trastornos del sueño, como el insomnio, los ronquidos o la apnea. Es la conclusión a la que llegan los miembros del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) de España.
En los últimos años han aumentado los estudios que relacionan el sueño y la obesidad. La regulación hormonal del sueño y el apetito son el foco de estudio, hormonas como la leptina y la grelina están implicadas. Un reciente estudio de la Universidad de Stanford (EE UU) sugiere que las personas que duermen menos de 5 horas, comparado con aquellas que duermen 8 horas, producen mayores niveles de grelina y descenso en los de leptina. La consecuencia más importante de estas alteraciones neuroendocrinas es el aumento del apetito, especialmente por alimentos hipercalóricos y ricos en hidratos de carbono, para intentar sustituir la energía que no se recuperó por la falta de un sueño reparador. Y esto acaba provocando una sobrealimentación y, en último término, ganancia de peso.
Pero también la calidad del sueño influye en la regulación hormonal de la grelina y la leptina. Un estudio liderado por el Dr. Harsch comparó los niveles séricos de grelina y leptina en pacientes obesos con síndrome de apnea con  pacientes obesos sin síndrome de apnea. Observaron que los pacientes con problemas respiratorios durante el sueño (ejemplo: personas que roncan) tenían valores basales mayores de grelina y leptina que los de los controles obesos. Este estudio sugiere que los niveles de leptina y grelina no dependen sólo de la cantidad de sueño sino también de la calidad.
 

 
En los próximos años los estudios sobre sueño y obesidad aumentarán. El papel de la leptina sobre la obesidad ya ha sido destacado por Friedman y Coleman. Por lo tanto, en los estudios sobre obesidad la variable sueño tendrá que ser estudiada con mayor atención. Ya que, dormir bien es saludable, y según la evidencia científica, también adelgaza.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Adelgazar y correr, cuestión de diversión

En la actualidad existe en nuestra sociedad dos actividades centrales en el cuidado de la salud, adelgazar y correr. Cuando digo adelgazar y correr alguien podría puntualizar que es más correcto decir alimentarse de forma saludable y realizar actividad física regular. Convengo que sería lo ideal y lo correcto según la evidencia científica, pero no es la realidad.

 
La mayoría de las personas que siguen una dieta no lo hacen por prescripción facultativa como lo indica la última Encuesta Nacional de Salud. Estas personas modifican sus hábitos alimentarios de forma autodidacta apoyados en dietas milagro cuyo origen está en la web, en los apuntes de una vecina o la experiencia de una amiga. El objetivo no es alimentarte correctamente sino adelgazar. Y alguien puede pensar, ¿dónde está la diferencia?, ¡si alguien sigue una dieta se estará alimentando bien y si adelgaza estará más sana! Estos paralelismos son peligrosos, como peligroso es adelgazar sin control por parte de personal especializado. Pues es bien sabido, que no todas las dietas producen un efecto saludable sobre el organismo, ni estar más delgado nos hace más sanos.

Por otro lado, tenemos otra actividad de moda, correr. Pero no solamente correr sino correr largas distancias.  En la actualidad muchas personas comienzan a correr sin asesoramiento profesional, lo cual supone desconocer las claves para no cometer imprudencias y perjudicar nuestra salud. Pero, ¿por qué correr?, ¿es correr la actividad física más saludable? Contestaré primero a la última cuestión. Aunque yo sea maratoniano, por desgracia tengo que decir que correr no es la mejor actividad para fomentar la salud. Los corredores sufrimos lesiones con frecuencia, aún siendo corredores experimentados, nuestras articulaciones sufren por el impacto de la carrera. Sin embargo, otras actividades aeróbicas como caminar, montar en bicicleta, nadar o incluso sesiones de tonificación con pesas aportan un mayor beneficio sobre el organismo con un menor riesgo de lesión. Entonces, volvamos a la primera pregunta, ¿por qué correr? La clave está en que muchas personas encuentran en esta actividad física el aliado ideal para adelgazar.
Durante mi vida profesional me he encontrado a muchas personas cuya motivación inicial ha sido correr o cambiar su alimentación para adelgazar. Aunque, la mayoría no lo reconoce y se apoyan en la metáfora de "mantenerse bien físicamente y saludable". De esta forma, adelgazar supone la actividad dónde confluyen los intereses por alimentarse bien y por la actividad física. Sin embargo, son muchas las personas que pasadas unas semanas no consiguen ni correr, ni alimentarse bien, ni adelgazar. ¿Saben por qué? La clave es pasárselo bien, divertirse. Quién no disfruta con el proceso de alimentarse bien, quién no disfruta con la sensación de libertad que proporciona correr, no mantendrá estas actividades sólo por la presión de adelgazar.

Aqui os dejo un ejemplo de lo importante que es pasárselo bien cuando se hace actividad física. No os lo perdáis es divertidísimo.

 
 

sábado, 6 de abril de 2013

La discriminación social de las personas obesas. Una cuestión de género

Es indudable que las personas con sobrepeso y obesidad sufren una presión moral sobre su cuerpo superior al resto de la sociedad. En la sociedad actual el ser obeso tiene una vinculación casi directa con conceptos como falta de voluntad, de autocontrol, dejadez y pereza. Desde las instituciones sanitarias se les advierte de los peligros que corren y de su irresponsabilidad si no ponen remedio a tiempo. El mensaje parece claro, no podemos permitir que el obeso vaya enfermando poco a poco, pero tampoco podemos permitir el coste económico que esto supone. La presión ejercida hacia las personas con sobrepeso y obesidad, no es fácil de soportar.

Autores como John Evans, Emma Rich y Brian Davies han observado como los códigos sociales en los que se basan estructuralmente la tendencia a la perfección están ligados a los imperativos morales que se establecen sobre el cuerpo, forjándose sobre la idea de un cuerpo saludable y su vinculación con el peso ideal. La moralidad que transmiten estos discursos sirve de herramienta para la exclusión o inclusión de las personas en el grupo de normales según los valores sociales establecidos. Aceptar la obligación moral de cuidarse siguiendo los imperativos de la salud relacionados con un estilo de vida saludable mediante la práctica de un control del peso corporal, es una obligación de todo buen ciudadano. Dentro de los códigos de perfección, la regulación del cuerpo está íntimamente ligada a los imperativos morales relativos al control del peso constituyendo actos de inclusión y exclusión que tienen connotaciones morales. Las responsabilidades individuales para controlar la alimentación y la obligación de realizar actividad física son moralizantes. Constituyen “imperativos de salud”, que transmiten una versión particular de la virtud y la conciencia, acompañado de poco o ningún debate sobre si más allá de las necesidades de la salud biomédica, esto puede ser éticamente correcto.

La guerra contra la grasa tiene consecuencias especialmente devastadoras para las mujeres con sobrepeso. Vivimos en una cultura donde los medios de comunicación y el entorno social, le recuerdan a la mujer varias veces al día que cuidar su cuerpo debe ser lo más importante en su vida. Las mujeres pagan un alto precio por la obsesión de nuestra cultura por el peso. El bombardeo de productos publicitados a diario para mantener el cuerpo dentro de los patrones culturales de delgadez, esbeltez y cuidado corporal en general, supone un coste económico y emocional para las mujeres. Tal es la presión a la que está sometida la población para hacerse responsable de su imagen y la salud de su cuerpo que hemos construido una cultura que garantiza que pocas personas estén en paz con su cuerpo. La sociedad no se cansa de recordarnos nuestras imperfecciones. Autores como López de la Torre y Bellido se preguntan sobre esta persecución social del obeso y su posible estigmatización. ¿Hasta dónde debería presionar la sociedad a un obeso bien informado y con suficiente capacidad de decisión para cambiar sus hábitos de vida en aras de un beneficio perso­nal, social y económico? La sociedad parece luchar contra el obeso, no contra la obesidad.

 
Para ilustrar el tema de este post os recomiendo ver el debate ofrecido en “Para todos la 2” sobre la discriminación de las personas obesas.